Diego Forlan con Ryan Giggs y John O'Shea a Manchester United en 2002. Paul Barker / AFP / 1 Diciembre, 2002
Diego Forlan con Ryan Giggs y John O'Shea a Manchester United en 2002. Paul Barker / AFP / 1 Diciembre, 2002
Diego Forlan con Ryan Giggs y John O'Shea a Manchester United en 2002. Paul Barker / AFP / 1 Diciembre, 2002
Diego Forlan con Ryan Giggs y John O'Shea a Manchester United en 2002. Paul Barker / AFP / 1 Diciembre, 2002

Diego Forlán: Se me pone piel de gallina cada vez que los aficionados del Manchester United entonan el canto que recuerda mis goles contra Liverpool en Anfield.


  • English
  • Arabic

Mi hermana retuiteó algo que vi la semana pasada. Fue el tuit de un fan del Manchester United en el que decía que estaban practicando para el partido del próximo domingo en Liverpool cantando la canción dedicada a mí durante el encuentro contra los Spurs.
La letra dice así: «Diegou, Diegou… Vino desde Uruguay para hacer llorar a los scoucers.»
Debo admitir que se me pone la piel de gallina cada vez que escucho este cántico, esté donde esté: en Brasil o Uruguay, en Japón o en España mirado un partido del United en la televisión.
Es infinitamente halagador.
To read this column in English, click here
No soy Ryan Giggs, ni Paul Scholes ni ninguna leyenda del United; tampoco soy el único jugador que ha marcado en Anfield y por eso, me parece un verdadero privilegio que se me recuerde.
Antes de que el United jugara en Anfield en diciembre de 2002, tenía pocos minutos en el terreno de juego con el equipo y por eso quería aprovecharlos.
Entrenaba pero no jugaba. Ese día, sin embargo, sucedió algo que convirtió ese momento en uno de los mejores de mi vida y que los aficionados inmortalizaron en un canto que todavía siguen entonando hoy en día.
Marqué dos tantos que sentenciaron nuestra victoria 1-2 fuera de casa contra el Liverpool.
Entré en el once inicial debido a las bajas por lesión que sufría el equipo. No era un partido fácil de empezar. El primer tiempo fue especialmente arduo, apenas conseguí acercarme al balón.
El ritmo de juego era muy intenso y pensé que me iban a sustituir; sin embargo, las cosas tomaron un rumbo distinto en el segundo tiempo.
El nivel de intensidad aflojó un poco –hubiera sido imposible mantener el mismo ritmo– y empezamos a tener oportunidades.
Vi que al guardameta Jerzy Dudek se le escapaba el balón, corrí y chuté logrando el primer tanto. Entonces me llené de confianza. El segundo gol fue un disparo desde más lejos.
Esta vez corrí hacia el fondo visitante y los aficionados enloquecieron, sus caras estaban a punto de estallar.
Mis compañeros estaban realmente felices por el equipo y por mí, pues sabían que había pasado una mala época.
Ryan Giggs, que me había dado de la asistencia de gol, mandó a los stewards, vestidos con un chaleco naranja fosforito, a otra parte.
Repetí las palabras de Giggs. Nada ni nadie podía impedirnos disfrutar de ese momento. Absolutamente nadie.
Quería saltar la valla y meterme entre la afición, lo cual no es muy responsable, pero estaba tan contento que me salía la adrenalina por las orejas.
Cuando me retire del fútbol profesional tengo la intención de sentarme en el fondo visitante con los aficionados del United detrás de la portería.
Me cubriré con una capucha e intentaré pasar desapercibido pues dudo que la mayoría de los del Liverpool se alegren de verme. Ese día no puedo cantar sobre mí mismo así que alguien debería marcar dos goles también.
Liverpool hizo todo lo que pudo para conseguir el empate pero nosotros resistimos hasta el final. Cuando llegué a los vestuarios, Gary Neville fue el primero en acercarse a mí mientras celebrábamos la victoria.
Me miró a los ojos y me dijo: «Quizá no eres consciente de lo que acabas de hacer pero después de esto te recordarán para siempre.»
Nunca he olvidado estas palabras. Sabía que existía una fuerte rivalidad entre ambos equipos pero no tenía ni idea de su magnitud. Soy de Montevideo, ¿cómo podía saberlo?
Sin embargo, a partir de ese momento y a raíz de la reacción de jugadores y aficionados detrás de la portería empecé a darme cuenta de la importancia de lo sucedido. Gary no se equivocó.
Más adelante coincidí con Dudek en varias ocasiones pero nunca sacamos el tema.
Debería mencionar a los aficionados del Liverpool. En 2010, jugué allí la semifinal de la Europa League vistiendo los colores del Atlético de Madrid.
Me recibieron con abucheos, cosa que entiendo. Marqué el gol que nos dio la victoria en el primer partido con un resultado de 1-0 pero en el segundo partido, el marcador cerró a favor del Liverpool con un 1-0 y fuimos a la prórroga.
Liverpool marcó en el minuto 95. Tenían un pie en la final hasta que en el minuto 102 metí el balón en la portería de The Kop.
Me volví loco de alegría pero sin perder el control. Era un tanto importante. Los aficionados me habían estado increpando durante todo el partido pero al final sus abucheos acabaron en aplausos.
Cientos de ellos, a pesar de estar dolidos. Es un club histórico con una buena afición, que merece todo mi respeto.
Estoy deseando ver el partido de este domingo entre el cuarto y quinto clasificado de la tabla.
Ambos conjuntos necesitan finalizar entre los cuatro primeros. De momento, el Liverpool está jugando mejor que el United. Consiguen ganar gracias a su espíritu de lucha; derrotaron al Manchester City con dos magníficos goles.
Además juegan en casa y son, por lo tanto, favoritos.
El United cuenta con Wayne Rooney, su jugador clave, que está haciendo un buen trabajo pero no basta con buena calidad para ganar en ese estadio.
Se necesita máximo esfuerzo y algo de suerte, quizás que un balón escape de las manos del guardameta.
El United debe estar preparado para aprovechar cualquier ocasión que se le presente. Yo lo hice.
El United se enfrenta este domingo al Liverpool en un encuentro decisivo, una jornada en la que también se disputa el clásico en el Camp Nou. El Barça, líder de la liga, gana más últimamente y el Real Madrid ha tenido dificultades en sus últimos partidos desde su derrota 4-0 en el derbi contra el Atlético. Perder a Modric, James Rodríguez y Sergio Ramos por lesión no ha sido de gran ayuda, tampoco la escasez de goles de sus delanteros.
La superioridad del Barça frente al Madrid no es tan clara como hace tres años. El Barça es un gran equipo con tres magníficos delanteros pero todavía se está formando.
Sin embargo, el Madrid es peligroso como un tigre enjaulado esperando a ser liberado. Si Modric o Isco consiguen espacio, machacarán, especialmente en un contraataque. Si el Madrid marca primero será muy difícil para el Barça conseguir la victoria.