Natacha Pisarenko / AP
Natacha Pisarenko / AP
Natacha Pisarenko / AP
Natacha Pisarenko / AP

Diego Forlán: La globalización está acabando con el factor miedo ante Messis y Neymars, y nivelando el campo de juego


  • English
  • Arabic

No te extrañe ver más sorpresas en el fútbol internacional. Países pequeños como Islandia, Gales, Irlanda del Norte y Albania se han clasificado para la Eurocopa 2016 mientras que naciones más consolidadas como Holanda o Grecia, ganadora en 2004, no lo han conseguido.

Hay patrones parecidos en Sudamérica. Brasil y Argentina cayeron en sus primeros partidos de clasificación para el próximo Mundial. La derrota de Argentina en casa contra Ecuador fue una sorpresa; sin embargo, a mí no me extrañó tanto. Todos los equipos están mejorando y son varias las razones para ello.

La globalización del fútbol está ayudando a las selecciones de todo el mundo. En cierto modo, debería ayudar a los mejores equipos. Los campos son más consistentes e uniformes lo cual debería ser una ventaja para los mejores jugadores; sin embargo, hay otros factores que juegan a favor de los países más pequeños.

Cuando empecé a jugar, había países en Sudamérica en los que quizás sus dos mejores jugadores estaban en Europa. Destacaban de los otros que jugaban en las ligas nacionales. Ahora, la mayoría de sudamericanos internacionales juegan en el extranjero. El nivel ha subido. Un jugador paraguayo en La Liga está jugando a un nivel mucho más superior que en la liga de su propio país.

Jugar en el extranjero logra varias cosas: mejora el nivel técnico del jugador pero también su forma física y nivel de profesionalidad. Los jugadores ven cómo los mejores equipos de Europa viajan, se preparan, entrenan y comen. Luego vuelven a Sudamérica y exigen lo mismo. Saben que si fracasan en prepararse, deben prepararse para fracasar. Comen mejor, duermen mejor y juegan mejor. Saben que se exponen constantemente porque cualquier partido se puede ver por televisión en todo el mundo. Hace 15 años, un entrenador en Inglaterra no hubiera visto un partido de Ecuador, aparte del Mundial. Ahora sí.

Jugando en Europa los jugadores también se acostumbran a jugar contra los mejores. No hace falta que seas una estrella, pero si juegas para el Deportivo La Coruña o el Sevilla, jugarás a menudo contra Cristiano Ronaldo y Lionel Messi. Te das cuenta de que, si bien son extraordinarios, son humanos, no son inalcanzables o imbatibles. No te quedas paralizado en el túnel de vestuarios porque piensas que estás a punto de jugar contra un fantasma que perseguirás pero al que no conseguirás acercarte en todo el partido. El misticismo que rodea a los mejores jugadores ya no existe.

Digamos, por ejemplo, que juegas para el Celta de Vigo como los chilenos Fabián Orellana y Pablo Hernández. ¿Cómo vas a tenerle miedo a Neymar o a Messi, si tu equipo acaba de derrotar al suyo 4-1?

Además, Chile también cuenta con varias grandes estrellas –Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Eduardo Vargas, Gary Medel y Claudio Bravo. Les vi vencer a Perú fuera de casa 4-3 el martes en un partido magnífico.

También te das cuenta de que los jugadores cometen errores y de que sus equipos no son invencibles, especialmente en partidos puntuales como los clasificatorios. Los buenos resultados cultivan un increíble sentimiento de unidad y seguridad. A ello contribuye la presión adicional que reciben los equipos tradicionalmente más fuertes, en los que las expectativas son realmente mucho más altas.

Nosotros usábamos esto a nuestro favor en Uruguay, un equipo al que nadie consideraba favorito y que siempre quería demostrar a la gente que estaba equivocada. Los seguidores de Brasil y Argentina esperan que sus equipos ganen todos los partidos por su historia y sus grandes jugadores. Pero quizás no se dan cuenta de lo fuertes que son ahora sus rivales.

El grupo clasificatorio de Sudamérica siempre ha sido muy duro. Y ahora es incluso más duro y la naturaleza puntual de los partidos favorece los resultados puntuales. Una temporada de 38 jornadas hace que la suerte esté más repartida. En un grupo clasificatorio, muchos de los partidos valen seis puntos.

Ecuador solía ser muy bueno en casa. Jugar en altitud ayudaba al equipo a ganar casi todos los partidos en casa y a clasificarse así para los Mundiales. Sin embargo, Ecuador era bastante mediocre fuera de casa. Ahora ya no. Hace poco ganaron a Argentina fuera de casa.

Doce de sus jugadores están en el extranjero, desde la fuerte Liga de México hasta Antonio Valencia en el Manchester United y Jefferson Montero en el Swansea.

Los países centroamericanos también han mejorado, tal como pudimos comprobar en el partido de Uruguay contra Costa Rica en el Mundial del año pasado.

El nivel de los entrenadores también ha mejorado. Hay mejores scouts, cualificaciones profesionales homologadas y más información compartida. Los entrenadores disponen de mejores herramientas gracias a que los jugadores son mejores.

Existen otros factores. Aunque no estoy necesariamente de acuerdo, hay países que proporcionan pasaportes a los jugadores para que estos puedan jugar para sus selecciones. ¡El equipo de Timor Oriental está lleno de brasileños! Luego están los países ricos que han invertido en tecnología y han traído a jugadores caros a sus ligas y han mejorado su nivel. Catar es más fuerte y está alcanzando a los equipos más fuertes de Asia, los cuales a su vez son mucho más fuertes que hace dos generaciones. Me di cuenta jugando para Uruguay contra Corea del Sur en el Mundial de 2010. Fueron excelentes en nuestro partido en la fase eliminatoria.

Por lo menos, Argentina y Brasil no pueden perder ambos sus próximos partidos clasificatorios –juegan el uno contra el otro en Buenos Aires el próximo mes. Será un partido de enorme importancia.