Cuando el Manchester United no va bien, se critica a mucha gente, normalmente al entrenador. Cuando los resultados no son los esperados, los hinchas no están contentos. Las críticas son, en parte, acertadas pero una de las cosas que la gente parece olvidar cuando ve al actual equipo del United es lo excelente que era Sir Alex Ferguson. Se compara el equipo de cada entrenador con el de Ferguson, lo cual es duro porque él es el mejor entrenador de todos los tiempos.
El United le echa de menos, especialmente en los grandes encuentros como en el partido contra el Liverpool de esta semana. Cuando nos llevaba a Anfield parecía un general conduciendo a su ejército a la batalla. No hay mucho espacio dentro del estadio y solía quedarse a la entrada del vestuario gritando al árbitro o incluso a los jugadores del Liverpool.
En mi caso, se esperó para darme un abrazo después de que marcara dos veces y de que ganáramos al Liverpool. Fue un final feliz para un 2002 que había empezado con la llamada de Sir Alex cuando me encontraba en Argentina para ficharme del Independiente. Me costó entenderle porque hablaba muy de prisa y con un acento muy fuerte, y yo había aprendido inglés con personas con un acento más claro, pero entendí: “Te queremos. Puedes ser un gran jugador para nosotros. Jugarás para el Manchester United.”
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No dije mucho y la verdad es que no estaba muy seguro de que realmente estuviera hablando con él. Llamé a mi agente para comprobar la identidad de la persona que me había llamado y me lo confirmó.
Unas semanas más tarde, Ferguson me enseñó personalmente las instalaciones de Old Trafford. Conocía todos los rincones y a todo el mundo. Ningún otro entrenador ha hecho lo mismo conmigo.
Después me llevó con su coche al Mottram Hall Hotel, donde me iba a alojar. Se pasó todo el camino hablando de fútbol y me dijo que él vivía a la vuelta de la esquina por si lo necesitaba.
Un año más tarde estaba jugando al golf en Mottram Hall cuando vi a un hombre enfadado dos agujeros más adelante. Estaba jugando mal, la pelota iba en dirección contraria a la que pretendía. Era Ferguson. Me escondí porque estaba enfadado. Le conté un par de días más tarde que le había visto, se rio y me dijo que debería haberle saludado.
Ferguson se tomaba el tiempo para conocer a sus jugadores y a sus familias, y esto te hacía sentir muy bien. Sabía que tenía su apoyo, que podía contar con él. No siempre me alegraba de estar en el banquillo pero entendía que tenía a muchos jugadores para elegir.
Se daba cuenta de que cada jugador era diferente y quería que todos se sintieran a gusto. Cuando Cristiano Ronaldo y Kleberson se incorporaron en 2003, actuó de forma inteligente con ellos. Supo anticipar su nostalgia como jugadores jóvenes e intentó darles vacaciones para que pudieran volverá a sus casas, quizás 10 días en Madeira y Brasil. Yo sentía envidia porque también quería ver a mi familia en Uruguay aunque realmente no me sentía nostálgico. En enero me atraía la idea de estar con mi familia en la playa en Punta del Este pero nunca fui y Ferguson no pensó que lo necesitara. Ese mes acabé marcando algunos de mis mejores y más importantes goles para el United.
En lugar de ir yo, vino mi familia de visita. Ferguson lo sabía todo acerca de la carrera de mi padre y quería conocerle, dos futbolistas que jugaron en los años sesenta. Mi padre no sabe inglés y Ferguson no sabe español pero esto no fue impedimento para que Ferguson lo intentara y de hecho llegó a decir un par de frases. Mi padre estaba impresionado.
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Ferguson fue el mejor entrenador que tuve. Cuando jugamos las eliminatorias europeas, nos reunía a todos la noche anterior a los partidos y organizaba un quiz en el hotel. Se lo tomaba muy en serio y se ponía furioso si perdía. Era muy divertido. Se metía en discusiones con Giggs, Becks, David May y los hermanos Neville sobre acontecimientos que habían pasado 30 años atrás. Se acusaban mutuamente de tramposos. Yo me sentaba con Seba Veron y Laurent Blanc y nos reíamos. Era como una discusión familiar, pero ello contribuía a fortalecer el espíritu del club.
Dos días antes de marcharme del United en 2004 tuve una discusión con Ferguson. Se enfadó porque no llevaba tacos como él quería. Todo quedó olvidado cuando fui a su oficina para hablar sobre mi marcha al Villarreal. Él sabía que tenía que marcharme y no puso impedimento.
“Quería sacar más partido de ti”, me dijo. Más adelante confesó que se arrepentía de haberme dejado marchar, pero nuestra relación siempre fue buena. Siguió en contacto conmigo a través de mensajes de texto, elogiándome cuando jugaba bien, y me invitó a la cena para celebrar su 25 aniversario en el Manchester y fui.
Me siento privilegiado de haber formado parte de la familia que fue el United bajo las órdenes de Ferguson. Respetaba su conocimiento. Lo sabía todo del contrario. Para el partido contra el Barcelona en Filadelfia en 2003, se fijó en Xavi, me dijo que cuando no tuviéramos la pelota me colocara entre él y nuestra portería. “No dejes que reciba el balón”, dijo. Marqué dos goles y ganamos. A partir de entonces, cada vez que jugaba contra Xavi en España aplicaba la misma táctica. Xavi me decía: “¡Otra vez tú, Diego!” Yo fui el único que jugó de esta manera contra él y todo gracias a Ferguson.
No creo que pueda haber otro entrenador que esté tanto tiempo y gane tantos trofeos en el fútbol como Ferguson. Veo que hay una urgencia inmediata para ganar trofeos. No habrá la paciencia que dio a Ferguson cuatro años antes de que ganara su primer trofeo, lo cual significa que no habrá otro Ferguson.
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